Nosotros como músicos somos el Ejército de Cristo. No nos debemos de confundir, nuestra principal arma no es la música sino el amor. Si nos presentamos a la guerra tan solo con la espada de la música no llegaremos muy lejos. En cambio, cuando vamos utilizando como principal arma el amor, a la primera nota el enemigo será derrotado. Solo cuando el amor es nuestra guía y nuestro camino, nuestros instrumentos y nuestras voces tendrán la fuerza para derrotar al enemigo