Razones bíblicas por las cuales soy católico (parte 4)

  • K2_CUSTOM_UPDATE 08/04/2016

Autor: Guido Rojas.

Licenciado en Ciencias Religiosas.

 1. “Cristo es cabeza de la iglesia. Cristo es también el Salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo” (Efesios 5,23).
2. “Tú eres Pedro, y sobre esta pie¬dra voy a construir mi iglesia; y ni siquiera el poder de la muerte podrá vencerla. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que tú ates en este mundo, también quedará atado en el cielo, y lo que tú desates en este mundo, también quedará desatado en el cielo” (Mateo 16,18-19).
3. “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día último. Porque mi cuerpo es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida” (Juan 6, 54-55).
4. “Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar y reprender, para corregir y educar en una vida de rectitud” (2 Timoteo 3,16).
5. “Vayan, pues, a las gentes de to¬das las naciones, y háganlas mis discípulos. Bautícenlas en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñeles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo es¬taré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 19-20).


 Este mandato divino de dar a conocer la “Buena Nueva” se cumple desde los apóstoles (enviados), cuando “todos los días, en el templo y por las casas, no cesa¬ban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5,42; 20,20). Posteriormente, se ha visto testificada con la cristianización de los césares romanos, con Constantino el Grande, el primer Princeps Christianus (Príncipe Cristiano), y luego confirmado con Teodosio I; ambos en el siglo IV. Después de esto, sacerdotes y monjes benedictinos, hicieron lo mismo con las tribus bárbaras que poblaban toda Europa; especialmente con la con¬versión del rey franco Clodovedo en el 496, y con el gran monarca protector de la Iglesia Católica, Carlomagno (742- 814). A partir del siglo XVI el catolicismo se extendió por el resto del mundo, gracias a la Predicación de valientes misioneros franciscanos, dominicos, jesuitas, mercedarios, agustinos y demás (Hechos 1,8).


En la actualidad la Iglesia Católica cuenta con 4.800 obispos en las diver¬sas diócesis del mundo, 407.000 sacerdotes, 800.000 religiosos y religiosas y 3 millones de laicos comprometidos.
6. “Dichosos los que sufren persecución por hacer lo que Dios exige, pues el reino de Dios les pertenece” (Mateo 5,10).


A lo largo de la historia de la salvación la Iglesia Católica es la que ha dado más mártires (testigos de la fe) en el cristianismo. Se calcula que en veintiún siglos han sido 70 millones, entre los que se encuentran papas, obispos, sacerdotes, religiosos, monjas, misioneros, catequistas, neo-catecúmenos, seglares, niños y niñas. Solamente en los cuatro primeros siglos durante las represarías del imperio romano, se estima que fue¬ron once millones. Al respecto, el escritor romano Tácito (siglo II), narra como a los condenados se les colocaba pieles de animales para ser devorados por los leones y los mastines en el circo máximo; a otros les untaban grasa de cerdo para ser luego amarrados a los postes en los jardines imperiales o en la Vía Apia, como antorchas humanas en la noche; o también eran crucificados vivos en masa, por haber proclamado con valentía antes los tribunales paganos: “Chistianus Sum” (Soy Cristiano). Cumpliéndose así la célebre frase de Tertuliano (siglo III): “la sangre de los mártires es semilla para nuevos cristianos” (Apocalipsis 18,24). Del mismo modo, en el siglo XX hubo un promedio de 27 millones de católicos que murieron por la fe; como en las persecuciones religiosas en España, México, la Alemania nazi, en la ex Unión Soviética, en la China comunista, en las guerras internas de algunos países de África, América Latina y demás (1 Pedro 2,20-21). Ellos son “los que han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7,14), están “vestidos de blanco y llevaban hojas de palma en las manos” (Apocalipsis 7,9).